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miércoles, 28 de enero de 2015

La doble fatalidad de leer a Nietzsche desde una cultura no protestante


En la clase de hoy elaboramos una idea que me quedó rondando y rondando: Leer a Nietzsche y comprenderlo no es algo beneficioso para nosotros los latinoamericanos. Cuando llegamos a una comprensión de sus ideas, el modelo del superhombre nos hace ver lo mediocre que somos. Somos muy ajenos y  lejanos al superhombre. Una lectura de Nietzsche es una lectura de las debilidades nuestras como rebaño y vida de rebaño. Leer Zaratustra es leerlo desde la perspectiva del pueblo: respirar una suerte de vendetta contra el modelo. Un modo de desprecio del modelo como, al mismo tiempo, un desprecio de nosotros mismos. Ese aire de desprecio es lo que nos entrega el autor, pues el autor desprecia el contenido mediocre de sí mismo en un ideal inalcanzable. Es el autor del Zaratustra el que nos enseña a despreciarnos. Nada en él garantiza superioridad alguna. Ni ser el autor de Zaratustra, ni enseñarnos el ideal del superhombre. El autor nos enseña que el desprecio de sí mismo es más educativo ( más próximo, más real) que el alcanzar lo inalcanzable. Nietzsche solo nos enseña a despreciarnos pues él se desprecia mediante lo inalcanzable, para él, del ideal que afirma. A esta conclusión llegamos en ¨Nietzsche parásito de Emerson¨.
La otra fatalidad de leer a Nietzsche es que ser parte de una comunidad Católica, como sucede entre nosotros, no es lo mismo que ser parte de una comunidad Protestante. Aquí hay cercanía al ideal del hombre superior pues en el Protestantismo no hay un dios inalcanzable, en la cultura protestante, en la literatura de la cultura protestante, hay una cierta promiscuidad con este modelo. El hombre es la iglesia, el dios, la fe. En el Protestantismo la idea del hombre-dios es una realidad. En el catolicismo, en la comunidad católica, por el contrario, solo dios es una realidad inalcanzable por su divinidad. Solo mediante la fe podemos disminuir la distancia. Pero solo disminuirla. El dios es inalcanzable y por eso el hombre superior o el hombre-dios, imposible. Leer a Nietzsche es frotarnos la herida de un imposible. Somos rebaño y siempre respiraremos ese aire.
Leer a Nietzsche desde una comunidad Protestante sería distinto al doble desprecio que recibimos cuando lo leemos desde una comunidad católica. En la cultura católica estamos acostumbrados a despreciarnos como individuos. Nietzsche nos ofrece un doble desprecio de nosotros mismos: El primero, es la conciencia de no poder alcanzar lo superior, ni de dios ni del hombre superior. En segundo lugar, al intentar comprender a Nietzsche, solo comprendemos su propio desprecio por no poder alcanzar en él mismo el ideal que pregona. Por un lado, el autor nos acerca a su propio sentimiento de minusvaloración. Por otro, nos recuerda que por cultura no podríamos realizar en nosotros el ideal de la superioridad de un hombre que sea más que los hombres, como algo más que dios. El ideal del hombre superior de Nietzsche se manifiesta en la comunidad Protestante, como un intento heroico de alcanzarlo, como una lucha tenaz por conquistarlo. En la comunidad protestante, leer a Nietzsche resulta educativo y enaltecedor de los valores individuales, sobre todo, como sufrimiento individual, como enaltecimiento de lo individual. La lucha por alcanzar el ideal del hombre superior en la comunidad protestante, también implica el desprecio de no alcanzarlo, tanto como la debilidad y el menosprecio de sí mismo. La primera fatalidad de leer a Nietzsche en la comunidad Protestante queda superada. La minusvaloración es comprensible como tolerable. La minusvaloración es didáctica. En la comunidad Católica es despreciable pues se desprecia a quien intenta ser individuo y, con ello, a quien se distancia de dios.
Recuerdo que uno de los límites más manifiesto de mi trabajo pedagógico en el Ecuador, lo he pensado hace ya tiempo, es generar un tipo de alumno renegado, contra actual e iconoclasta. Mientras no exista una sociedad que acepte al individuo, mis alumnos solo expresarán este ideal en la burla y mofa de los otros, pero no en una auténtica individualidad. El individuo no necesita de renegar de la sociedad para existir. Solo en las sociedad donde el individuo no existe, solo allí será posible entender este ideal como negación de los demás. Por eso solo he logrado educar a un montón de renegados. Por la cultura católica y humilde en la que vivimos. En esta cultura, leer y estudiar a Nietzsche es una verdadera maldición.

Cumbayá, Enero 2015.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Un Parásito Polémico


Sobre ¨Nietzsche parásito de Emerson¨ el nuevo libro de Jorge Luis Gómez.

Por Alonso Darinel

Recuerdo alguna vez cuando Gómez afirmó que lo que más le gustaba del Ecuador era ¨la libertad de vivir en total libertad¨ y la afirmación ciertamente no es gratuita pues luego de terminar de leer su último libro, ¨Nietzsche parásito de Emerson¨ (USFQ.2014), no nos cabe la menor duda de que allí expone sin miedo esa libertad (o esa violencia) como un poder de destruir la propia mitología, los viejos paternalismos y las iconografías que alguna vez nos dieron aparente sustento, pues: ¿cuál puede ser la libertad si no es probando la fuerza y la valentía contra nosotros mismos, contra nuestros propios mitos, máscaras y falsas apreciaciones?.
El libro de Gómez expone esa dicha del iconoclasta de ser solo él mismo, de no depender ni de autores ni de mentores, ni de filosofías idealizadas pues al enfrentarse a Nietzsche, casi la filosofía de la modernidad en su conjunto, Nietzsche es prácticamente como el muro de Berlín de la filosofía que Gómez se da el lujo de derribar frente a todos sus lectores y cada uno de nosotros, por nuestro lado, intentando que el muro no se derrumbe pues si eso ocurre nos derrumbamos nosotros con él. Verdaderamente hay tanto de una creencia secular y generacional al lado del Nietzsche que idolatramos, tanto de mitología arraigada y difícil de destruir en nuestro inconsciente, que dejarlo morir no sería otra cosa que vergüenza alevosa o crimen indignante. La garantía de una larga polémica parece ser el mejor resultado para un libro que puede llegar a ser un escándalo como un rescate en las listas de los más vendidos para la filosofía, pues libros de este horizonte ya están desapareciendo de las librerías y de la discusión.
Gómez, el iconoclasta de la filosofía, parece que vino al Ecuador y al Buen Vivir a ejercer la libertad que ninguno de nosotros ha podido disfrutar y esa es nuestra envidia, nuestra repugnancia contra esa persona que todos quisiéramos ser y que nos impide la institución, la bandera, la familia, el sueldo y el matrimonio. En el Ecuador no existe la filosofía o si existe su cultivo no obedece a una dedicación generacional ni al mantenimiento de un discurso que haya luchado frente a otros discursos para mantenerse vigente, pues desde los años dorados de la filosofía en la Universidad Católica, con Roig, Agoglia, Enzo Mella y otros profesores extranjeros, la filosofía se ha mantenido por el influjo de tradiciones institucionales que han llegado a nuestro país desde fuera y no obedecen a tradiciones propias. En parte, el ejercicio filosófico de Gómez representa una lucha por mantener una tradición inexistente y en parte la extravagancia de Gómez, profesor de filosofía hace ya veintitantos años, es parte de este libro que reseñamos.
En cinco capítulos extenuantes Gómez nos ofrece un material prácticamente desconocido de nuestro ícono, unas pruebas irrefutables de que nuestro superhombre era como nosotros y que pretendió una libertad que no tuvo, que lo fingió todo para enseñarnos que se puede ser Nietzsche viviendo con mami y hermana, con fines de semana y como consumidor final, que se puede ser superhombre sin serlo, un ícono de cartón tan pedestre y humano, tan hipócrita y posero como todos (!!) y es precisamente eso lo que más nos duele, ese súbito sacarnos la máscara de aquello que nunca quisimos ser, pero que en realidad éramos y no lo sabíamos, pues mientras más débiles somos más aspiraciones a la nobleza y a la aristocracia y a todo orden superior, mientras más débiles más necesidad de buscar el modelo de los fuertes que no somos, mientras seamos los débiles todos los modelos de vida de la fortaleza y el carácter serán solo aspiraciones nostálgicas inalcanzables, puro rencor de no poder alcanzarlo. En este menú de la renuncia personal y del enfrentamiento está presente todo el rencor heredado de Nietzsche como padecimiento autorizado por él pues él lo vivió y es lo único, lamentablemente, que pudo enseñarnos. Y Nietzsche no está lejos de contemporáneos como Kafka o Tolstoi, pues en la época abundaba la conciencia de culpa entre los autores más destacados y era un lugar común ese parasitismo literario, como el caso de Baudelaire, que  tarde o temprano representaba un quiebre cultural muy difícil, pues no se puede romper con el pasado cuando éste todavía nos alimenta a diario y aún lo sentimos como propio. Y no resulta una anécdota que gran parte de la literatura y la poesía del siglo en mención tuviera como norte la imagen de un hombre superior en la que se ocultaba todas las debilidades como todas las culpas que ellos mismos intentaban solapar en un ícono que les quedaba grande, pues cuando Nietzsche se refiere a Baudelaire lo muestra como un decadente típico, es decir, como uno que pretendía ser superior cuando en realidad no lo era y esta distancia que el filósofo quiere a toda costa poner frente a los débiles no es otra cosa que voluntad de separación y divorcio de aquello que él mismo sentía como propio y que jamás pudo sacarse de encima a pesar de las insistencias.
En cierta medida, es éste el aspecto que más nos impacta de este libro pues en realidad poco nos importa si Gómez llega a probar el parasitismo de Nietzsche, si Nietzsche plagió, copió o transcribió a Emerson. La violencia de Gómez es contra nosotros, contra un romanticismo mítico que vemos caer en nosotros, contra una seguridad que era una bandera, una época que todavía permanecía con significado y que Gómez, el iconoclasta, termina por derrumbar en un terremoto impresionante. En este sentido, leer el libro conlleva una suerte de asesinato en la penumbra y hasta cierta complicidad con el autor, pues el libro nos hace pensar en nosotros, nos hace palidecer de nosotros pues el hombre maduro debe algún día elevarse por sobre la mitología en la que tristemente se sustentaba para bregar por sí mismo y observarse por primera vez con sinceridad y con verdadera sustentación.
En el panegírico del hombre superior, en la idea que comparten Emerson y Nietzsche, nadie más superior, nadie más libre que Gómez que ideó un país, todo un país, solo para ser libre. A veces la mejor manera de vivir es llorando sobre el rostro rígido de nuestro mitos y llorar con dignidad pues también hay llantos maduros y nobles. Si ya la muralla cayó con Marx, Freud y ahora Nietzsche, si se vino al suelo toda la filosofía de la sospecha, no nos queda otra cosa que pensar por nosotros mismos de una vez y para siempre, solos y sin un pasado que ensombrezca el rostro que verdaderamente nos corresponde. Nada mejor para todos aquellos que idearon la libertad que derribar muros y hacer terremotos con tal de desembarazarnos del mito y de todo lo que no es nuestro.

¨Nietzsche parásito de Emerson¨

Vale 23 dólares y está a la venta en la librería Rayuela.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Sobre el libro ¨ Nietzsche parásito de Emerson¨(USFQ.2014) y las ideas de Deleuze,Guattari y Badiou.


Son primero Deleuze y Guattari (¿Qué es la filosofía?1991) y luego Badiou (Condiciones.1992) quienes afirman que la filosofía debería dejar de ser solo historia de la filosofía, los primeros al afirmar que el plano de inmanencia expone la subjetividad del filósofo y no la verdad de sus enunciados y el segundo, al evitar señalar que la filosofía sea el discurso de la verdad. En ambos casos hay la intención de sacar a la filosofía de la historia y el historicismo pues declaran que la caducidad de ella obedece a ese vínculo o está determinada por él. Si bien el argumento central de ellos no es errado, las propuestas de éstos parecen buscar la desvinculación de la filosofía de un argumento por lo demás tradicional pero que en sí mismo, además de esta limitación, está plagado de perspectivas en sí mismas discutibles. Por lo pronto, la discusión sobre si la filosofía pretende ser el discurso de la verdad es totalmente legítima sobre todo por que el filosofar caería en el plano científico o en el discurso de la ciencia experimental del que es diferente o al menos camina en el extremo opuesto. Pero más allá de defender la desvinculación del filosofar del discurso de la verdad, al combatir el vinculo de la filosofía con su historia, pretenden introducir aspectos pre filosóficos del filosofar y así situar a la filosofía en un más allá discursivo bien discutible.
En el caso de nuestro libro, donde intentamos establecer una relación entre los conceptos de dos pensadores, al parecer ni siquiera existe una relación conceptual ni una corrección de un concepto por estar mal planteado, como plantean Deleuze y Guattari. En el caso de las ideas de Emerson y Nietzsche creemos que existe un parasitismo o simbiosis conceptual ( no inmediatamente un plagio ni una copia de ideas) en que nos permitimos observar que ni siquiera el argumento del ¨plano de inmanencia¨ de Deleuze y Guattari,  pudiera salvar el problema. Nuestro libro muestra en dos facetas de la vida de Nietzsche la importancia sobredimensionada que ve éste en las ideas y conceptos de Waldo Emerson, a pesar que en el periodo de Sils María pudiera observarse un plano de inmanencia también sobredimensionado por el propio filósofo alemán, con el que nos podríamos permitir una diferencia entre éste y el autor norteamericano, y permitirnos, al mismo tiempo, comprender la relación entre ambos como una coexistencia de planos de inmanencia y no una sucesión de sistemas o conceptos. Como en nuestro caso observamos que las intenciones de Nietzsche al sobredimensionar el rol y figura de la idea del hombre superior de Emerson en su persona, al creer que él es el hombre superior y nadie más que él, sobre todo en la época del pensamiento del eterno retorno y en los inicios de la creación del Zaratustra (1881-1883), esta creencia (o esta locura) no le aparta totalmente de las ideas originales de Emerson sino más bien, lo instala en el seno de esas mismas ideas, pues la locura si bien podría significar el plano de inmanencia pre filosófico de Deleuze y Guattari, para el propio Nietzsche no es más que la encarnación en su persona del ideal del eterno retorno o la prueba o aval de la superioridad de sí sobre toda la humanidad. No se trata de que ¨otro plano de inmanencia se ha tejido en las mallas del primero¨(Deleuze y Guattari pag60) sino, para nosotros, se trata de una extraña simbiosis conceptual en el que un filósofo se cree el otro, haciendo suyas las ideas de su predecesor y subrayando que él es la realización de las ideas de aquél. Según nuestro punto de vista, si bien las ideas de Deleuze y Guattari no puede ser utilizadas con solvencia en nuestro caso, lo que nosotros descubrimos es que también el plano de inmanencia o el aspecto personal y patológico de una persona, lo pre filosófico de sus ideas, también puede estar presente en lo conceptual y eidético y dejar de ser pre filosófico, como también puede ser un argumento en el que la ecuación personal intenta sustituir al concepto para evitar el parasitismo. No quisiéramos negar las ideas de Deleuze y Guattari en este punto, pero creemos que el parasitismo conceptual puede ofrecer una otra perspectiva para resolver el problema de hasta qué punto el plano de inmanencia es pre filosófico y si no es solo un concepto más en el que la filosofía podría llegar a ser historia y solo historia y no coexistencia de planos de inmanencia.