Como dice Safranski en su biografía de Nietzsche( pag.102), es posible pensar que el Nietzsche de los ochentas haya tomado el mito Wagner como el mejor modelo para desarrollarlo en su propia persona, sobre todo cuando esa persona se considera a sí mismo como un hombre superior y vive de la mitificación de sí. Si bien la mitificación de Wagner en un primer momento le pareció repugnante, más tarde en la ruptura con éste de finales de los setentas, parece cambiar de opinión. En efecto,en los aforismos de estas fechas(1875), sobre todo en las reflexiones sobre el Sócrates " cultivador de la música", Nietzsche piensa que la pasión, la mentira y la ilusión de sí contienen las premisas mitológicas que dan nacimiento a una nueva religión, pues el mito y la generación del mito es el principio que empuja y forja la religión. La "honestidad" o "la honestidad de los hombres superiores" que aparece en el cuaderno 6 (K.S.A. Nachlass 1880-1882, pag. 316 "Zur Geschichte der Redlichkeit" y en nuestro libro véase pag.104), nos permite considerar que la mitologización de sí mismos de los hombres superiores es uno de los poderes más reconocidos entre éstos y al llamarla "honestidad", sugiere que ésta no es otra cosa que impostura, mito e ilusión. Si tomámos las ideas de Safranski y advertimos con él que este tema no es ajeno a Nietzsche desde "El nacimiento de la tragedia"(1872) y que aparece allí en relación a Sócrates, la pasión con que Nietzsche quiere vivir en sí mismo el hombre superior desde los ochentas, y el modo cómo concibe la "honestidad" de éste, nos hace pensar que el fingimiento de ser el hombre superior no es más que esta mitificación que llama, como Wagner, una religión( Nietzsche le llama "religión de la valentía" al final de 1880 en el cuaderno 8.K.S.A. Nachlass 1880-1882. También Cfr. nuestro libro en la pag.114). En cierta medida, el parasitismo de Nietzsche obedece a este propósito, pues él es consciente del endiosamiento de sí mismo y quiere con ello vivir la "honestidad" de los hombres superiores. El mejor modo para ser más superior que los mejores ejemplos del superhombre es fingir serlo. El único problema es que de tanto fingir, creyó ser el líder espiritual de una nueva religión que tuvo por sustento la idea del eterno retorno. La locura de Nietzsche es, en definitiva, uno de los resultados de ese fingimiento. El otro efecto, es el mito Nietzsche que logró conquistar a miles de feligreses hasta el día de hoy.Al tomar el fingimiento de Wagner como una auténtica mitificación de sí, no le quedó otra vía que fingir como él. Este pudiera ser una de las mejores explicaciones del parasitismo de ideas que tuvo con Waldo Emerson, es decir, que el parasitismo no era otra cosa que el efecto de este fingimiento de ser generador de una nueva religión y que nada importaba de esta mentira,plagio, fantasía, ilusión, pues en el superhombre es tan cotidiano como normal el mentir y fantasear sobre sí mismo.El Zaratustra es el predicador de ésta nueva religión.
Todos los textos que presentamos en este blog tiene los números correspondientes de los derechos de autor (IEPI) y los ISBN, por lo tanto, queda prohibida su reproducción parcial o total.
lunes, 29 de junio de 2015
jueves, 14 de mayo de 2015
Nuevo libro
Nuevo libro en el trabajamos para su próxima publicación. Es la segunda edición de un texto que ya se agotó y no existe en el mercado nacional, publicado originalmente en editorial Abya Yala en 1993. Renovamos la perspectiva y nos atrevemos a interpretar con más pasión la educación nacional.
miércoles, 28 de enero de 2015
La doble fatalidad de leer a Nietzsche desde una cultura no protestante
En la clase de hoy elaboramos
una idea que me quedó rondando y rondando: Leer a Nietzsche y comprenderlo no
es algo beneficioso para nosotros los latinoamericanos. Cuando llegamos a una
comprensión de sus ideas, el modelo del superhombre nos hace ver lo mediocre
que somos. Somos muy ajenos y lejanos al superhombre. Una lectura de
Nietzsche es una lectura de las debilidades nuestras como rebaño y vida de
rebaño. Leer Zaratustra es leerlo desde la perspectiva del pueblo: respirar una
suerte de vendetta contra el modelo. Un modo de desprecio del modelo
como, al mismo tiempo, un desprecio de nosotros mismos. Ese aire de desprecio
es lo que nos entrega el autor, pues el autor desprecia el contenido mediocre
de sí mismo en un ideal inalcanzable. Es el autor del Zaratustra el que nos
enseña a despreciarnos. Nada en él garantiza superioridad alguna. Ni ser el
autor de Zaratustra, ni enseñarnos el ideal del superhombre. El autor nos
enseña que el desprecio de sí mismo es más educativo ( más próximo, más real)
que el alcanzar lo inalcanzable. Nietzsche solo nos enseña a despreciarnos pues
él se desprecia mediante lo inalcanzable, para él, del ideal que afirma. A esta
conclusión llegamos en ¨Nietzsche parásito de Emerson¨.
La otra fatalidad de leer a
Nietzsche es que ser parte de una comunidad Católica, como sucede entre
nosotros, no es lo mismo que ser parte de una comunidad Protestante. Aquí hay
cercanía al ideal del hombre superior pues en el Protestantismo no hay un dios
inalcanzable, en la cultura protestante, en la literatura de la cultura
protestante, hay una cierta promiscuidad con este modelo. El hombre es la
iglesia, el dios, la fe. En el Protestantismo la idea del hombre-dios es una
realidad. En el catolicismo, en la comunidad católica, por el contrario, solo
dios es una realidad inalcanzable por su divinidad. Solo mediante la fe podemos
disminuir la distancia. Pero solo disminuirla. El dios es inalcanzable y por
eso el hombre superior o el hombre-dios, imposible. Leer a Nietzsche es
frotarnos la herida de un imposible. Somos rebaño y siempre respiraremos ese
aire.
Leer a Nietzsche desde una
comunidad Protestante sería distinto al doble desprecio que recibimos cuando lo
leemos desde una comunidad católica. En la cultura católica estamos
acostumbrados a despreciarnos como individuos. Nietzsche nos ofrece un doble
desprecio de nosotros mismos: El primero, es la conciencia de no poder alcanzar
lo superior, ni de dios ni del hombre superior. En segundo lugar, al intentar
comprender a Nietzsche, solo comprendemos su propio desprecio por no poder
alcanzar en él mismo el ideal que pregona. Por un lado, el autor nos acerca a
su propio sentimiento de minusvaloración. Por otro, nos recuerda que por cultura
no podríamos realizar en nosotros el ideal de la superioridad de un hombre que
sea más que los hombres, como algo más que dios. El ideal del hombre superior
de Nietzsche se manifiesta en la comunidad Protestante, como un intento heroico
de alcanzarlo, como una lucha tenaz por conquistarlo. En la comunidad
protestante, leer a Nietzsche resulta educativo y enaltecedor de los valores
individuales, sobre todo, como sufrimiento individual, como enaltecimiento de
lo individual. La lucha por alcanzar el ideal del hombre superior en la
comunidad protestante, también implica el desprecio de no alcanzarlo, tanto
como la debilidad y el menosprecio de sí mismo. La primera fatalidad de leer a
Nietzsche en la comunidad Protestante queda superada. La minusvaloración es
comprensible como tolerable. La minusvaloración es didáctica. En la comunidad
Católica es despreciable pues se desprecia a quien intenta ser individuo y, con
ello, a quien se distancia de dios.
Recuerdo que uno de los
límites más manifiesto de mi trabajo pedagógico en el Ecuador, lo he pensado
hace ya tiempo, es generar un tipo de alumno renegado, contra actual e
iconoclasta. Mientras no exista una sociedad que acepte al individuo, mis
alumnos solo expresarán este ideal en la burla y mofa de los otros, pero no en
una auténtica individualidad. El individuo no necesita de renegar de la
sociedad para existir. Solo en las sociedad donde el individuo no existe, solo
allí será posible entender este ideal como negación de los demás. Por eso solo
he logrado educar a un montón de renegados. Por la cultura católica y humilde
en la que vivimos. En esta cultura, leer y estudiar a Nietzsche es una
verdadera maldición.
Cumbayá, Enero 2015.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
YouTube: Conversaciones sobre las lagunas del Mictlan
Entra a nuestro canal de YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCanJFE4OvcvX6bL4fd4VFew
Primer video: http://youtu.be/rE8t5qmMt_M
Primer video: http://youtu.be/rE8t5qmMt_M
martes, 25 de noviembre de 2014
Facebook: "Nietzsche Parásito de Emerson"
Para más información sobre "Nietzsche Parásito de Emerson" ingresa a nuestra página de Facebook:
lunes, 10 de noviembre de 2014
Un Parásito Polémico
Sobre ¨Nietzsche parásito de Emerson¨ el
nuevo libro de Jorge Luis Gómez.
Por
Alonso Darinel
Recuerdo
alguna vez cuando Gómez afirmó que lo que más le gustaba del Ecuador era ¨la
libertad de vivir en total libertad¨ y la afirmación ciertamente no es gratuita
pues luego de terminar de leer su último libro, ¨Nietzsche parásito de Emerson¨ (USFQ.2014), no nos cabe la menor
duda de que allí expone sin miedo esa libertad (o esa violencia) como un poder
de destruir la propia mitología, los viejos paternalismos y las iconografías
que alguna vez nos dieron aparente sustento, pues: ¿cuál puede ser la libertad
si no es probando la fuerza y la valentía contra nosotros mismos, contra
nuestros propios mitos, máscaras y falsas apreciaciones?.
El
libro de Gómez expone esa dicha del iconoclasta de ser solo él mismo, de no
depender ni de autores ni de mentores, ni de filosofías idealizadas pues al
enfrentarse a Nietzsche, casi la filosofía de la modernidad en su conjunto,
Nietzsche es prácticamente como el muro de Berlín de la filosofía que Gómez se
da el lujo de derribar frente a todos sus lectores y cada uno de nosotros, por
nuestro lado, intentando que el muro no se derrumbe pues si eso ocurre nos
derrumbamos nosotros con él. Verdaderamente hay tanto de una creencia secular y
generacional al lado del Nietzsche que idolatramos, tanto de mitología
arraigada y difícil de destruir en nuestro inconsciente, que dejarlo morir no
sería otra cosa que vergüenza alevosa o crimen indignante. La garantía de una
larga polémica parece ser el mejor resultado para un libro que puede llegar a
ser un escándalo como un rescate en las listas de los más vendidos para la
filosofía, pues libros de este horizonte ya están desapareciendo de las
librerías y de la discusión.
Gómez,
el iconoclasta de la filosofía, parece que vino al Ecuador y al Buen Vivir a
ejercer la libertad que ninguno de nosotros ha podido disfrutar y esa es
nuestra envidia, nuestra repugnancia contra esa persona que todos quisiéramos
ser y que nos impide la institución, la bandera, la familia, el sueldo y el
matrimonio. En el Ecuador no existe la filosofía o si existe su cultivo no
obedece a una dedicación generacional ni al mantenimiento de un discurso que
haya luchado frente a otros discursos para mantenerse vigente, pues desde los
años dorados de la filosofía en la Universidad Católica, con Roig, Agoglia,
Enzo Mella y otros profesores extranjeros, la filosofía se ha mantenido por el
influjo de tradiciones institucionales que han llegado a nuestro país desde
fuera y no obedecen a tradiciones propias. En parte, el ejercicio filosófico de
Gómez representa una lucha por mantener una tradición inexistente y en parte la
extravagancia de Gómez, profesor de filosofía hace ya veintitantos años, es
parte de este libro que reseñamos.
En
cinco capítulos extenuantes Gómez nos ofrece un material prácticamente
desconocido de nuestro ícono, unas pruebas irrefutables de que nuestro
superhombre era como nosotros y que pretendió una libertad que no tuvo, que lo
fingió todo para enseñarnos que se puede ser Nietzsche viviendo con mami y
hermana, con fines de semana y como consumidor final, que se puede ser
superhombre sin serlo, un ícono de cartón tan pedestre y humano, tan hipócrita
y posero como todos (!!) y es precisamente eso lo que más nos duele, ese súbito
sacarnos la máscara de aquello que nunca quisimos ser, pero que en realidad
éramos y no lo sabíamos, pues mientras más débiles somos más aspiraciones a la
nobleza y a la aristocracia y a todo orden superior, mientras más débiles más
necesidad de buscar el modelo de los fuertes que no somos, mientras seamos los
débiles todos los modelos de vida de la fortaleza y el carácter serán solo
aspiraciones nostálgicas inalcanzables, puro rencor de no poder alcanzarlo. En
este menú de la renuncia personal y del enfrentamiento está presente todo el
rencor heredado de Nietzsche como padecimiento autorizado por él pues él lo
vivió y es lo único, lamentablemente, que pudo enseñarnos. Y Nietzsche no está
lejos de contemporáneos como Kafka o Tolstoi, pues en la época abundaba la
conciencia de culpa entre los autores más destacados y era un lugar común ese
parasitismo literario, como el caso de Baudelaire, que tarde o temprano representaba un
quiebre cultural muy difícil, pues no se puede romper con el pasado cuando éste
todavía nos alimenta a diario y aún lo sentimos como propio. Y no resulta una
anécdota que gran parte de la literatura y la poesía del siglo en mención
tuviera como norte la imagen de un hombre superior en la que se ocultaba todas
las debilidades como todas las culpas que ellos mismos intentaban solapar en un
ícono que les quedaba grande, pues cuando Nietzsche se refiere a Baudelaire lo
muestra como un decadente típico, es decir, como uno que pretendía ser superior
cuando en realidad no lo era y esta distancia que el filósofo quiere a toda
costa poner frente a los débiles no es otra cosa que voluntad de separación y
divorcio de aquello que él mismo sentía como propio y que jamás pudo sacarse de
encima a pesar de las insistencias.
En
cierta medida, es éste el aspecto que más nos impacta de este libro pues en
realidad poco nos importa si Gómez llega a probar el parasitismo de Nietzsche,
si Nietzsche plagió, copió o transcribió a Emerson. La violencia de Gómez es
contra nosotros, contra un romanticismo mítico que vemos caer en nosotros,
contra una seguridad que era una bandera, una época que todavía permanecía con
significado y que Gómez, el iconoclasta, termina por derrumbar en un terremoto
impresionante. En este sentido, leer el libro conlleva una suerte de asesinato
en la penumbra y hasta cierta complicidad con el autor, pues el libro nos hace
pensar en nosotros, nos hace palidecer de nosotros pues el hombre maduro debe
algún día elevarse por sobre la mitología en la que tristemente se sustentaba
para bregar por sí mismo y observarse por primera vez con sinceridad y con
verdadera sustentación.
En
el panegírico del hombre superior, en la idea que comparten Emerson y
Nietzsche, nadie más superior, nadie más libre que Gómez que ideó un país, todo
un país, solo para ser libre. A veces la mejor manera de vivir es llorando
sobre el rostro rígido de nuestro mitos y llorar con dignidad pues también hay
llantos maduros y nobles. Si ya la muralla cayó con Marx, Freud y ahora
Nietzsche, si se vino al suelo toda la filosofía de la sospecha, no nos queda
otra cosa que pensar por nosotros mismos de una vez y para siempre, solos y sin
un pasado que ensombrezca el rostro que verdaderamente nos corresponde. Nada
mejor para todos aquellos que idearon la libertad que derribar muros y hacer
terremotos con tal de desembarazarnos del mito y de todo
lo que no es nuestro.
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